miércoles, 26 de febrero de 2014




Lázaro Cárdenas, Michoacán. 07 de Noviembre de 2008. 


El oleaje es rotundo, 
es una advertencia, 
es una fiera.


Me he mojado los pies, he venido a lavar un par de manchas, las líneas de la mano no he podido borrar. Tallé y tallé con la arena las palmas, no es posible. 
Ya son parte de esa historia imborrable, mustia, que se esconde en mi silencio y que se guarda tan profundo que no es posible arrancar. 
Se ha enraizado. Son manchas. Eres mal. 
Frente al mar, mar abierto e inmenso, tan desatado como nuestras manos, tan libre como tú. 
No lo puedo guardar en una botella y retenerlo para mí. No puedo, estas cosas infinitas sólo puedo llevarlas como un recuerdo. 
Te amo. Te me has ido de las manos, no puedo hacer otra cosa que verte volver como la ola, ver cómo retrocedes y vuelves al mar de donde viniste, y quedarme como la arena, besada por un momento y llevando contigo miles de granos de mí,
Vuelve, vuelve un día con la marea. Bésame algún día otra vez, no importa que sea un momento, que el agua sea siempre diferente y si un día tú lo quieres, detente en mi.

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