domingo, 28 de diciembre de 2014

Despierto...



Soñé, en realidad no estabas aquí, no eras quien caminaba a mi paso, no eras él. 

Soñé, en realidad nunca estuviste conmigo o en mi cama.
Los sueños, los anhelos que uno lleva en el bolso siempre se quedan en el bolso, como esbozo de modista, como el dibujo a lápiz que se va borrando poco a poco y vuelves y los bolcanes, sí, los bolcanes de pronto estallan y se vuelven lava que cubren cualquier deseo y lo vuelven piedra. Te deseaba en mi cama, en mi casa, en mi coche, en mis ruinas, mas no estabas aquí, nunca estuviste, dormías mientras el tiempo se nos agotaba, estarás dormido mientras la vida se nos pasa, y te lamentarás mañana, cuando la salida de los tranvías sea inminente y no te pida quedarte. 
Entonces recordarás los bolcanes, y te reirás con nostalgia. Cantarás los fados que yo cantaba y querrás regresar el tiempo que se te fue irremediablemente en el cansancio, en el sueño de ayer. 
Mis cigarrillos será lo primero que extrañes, mi olor a café y tabaco que siempre quisiste cambiar. 
Soñé, soñaste que me querías, que era suficiente una semana para quedarte toda la vida y en el sueño se nos fueron todas las letras y palabras y frases y se volcaron en bostezos, en ronquidos que acabaron conmigo. 




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